Las migrañas hacen perder entre 8 y 16 días de trabajo al año, unos 2.000 millones de euros

Hoy se celebra el Día Europeo de Acción contra la Migraña, una enfermedad neurológica que afecta a más de 3,5 millones de personas en España, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN). La migraña es considerada por la OMS como una de las 20 enfermedades más discapacitantes ya que durante las crisis, los pacientes se sienten verdaderamente afectados, con imposibilidad de llevar a cabo cualquier tarea, bien sea laboral, social o familiar. A pesar de ello, un 20-25% de los pacientes que sufren de migraña nunca ha consultado su dolencia con el médico y un porcentaje aún mayor (un 50%) abandona el seguimiento tras las primeras consultas.

“Resulta clave diagnosticar los casos de migraña adecuadamente, puesto queun remedio inadecuado podría llegar a cronificar el problema”, asegura el Dr. Samuel Díaz Insa, Coordinador del Grupo de Estudio de Cefaleas de la Sociedad Española de Neurología. “Cuando esto se produce, hay pacientes que llegan a sufrir más de 15 días al mes de dolor de cabeza. En estos casos la calidad de vida se ve mermada ostensiblemente, y en algunos casos se asocian a depresiones e incluso al abuso de consumo de analgésicos u otras medicaciones. Además, en los últimos años, se ha comprobado que algunas variantes de migraña, sobre todo aquellos pacientes que presentan aura precediendo a sus ataques, tienen un ligero aumento de su riesgo cardiovascular. Por eso, estos casos deben ser necesariamente valorados y seguidos por un neurólogo, añade el experto.

La prevalencia de la migraña es del 12-13%, aunque en el caso de la mujer las cifras se elevan al 17-18%. Tanto en hombres como en mujeres, el estrés emocional es el desencadenante de crisis más frecuente. Otros son: la falta o el exceso de sueño, los cambios atmosféricos, los viajes e incluso la ingesta de algunos alimentos y bebidas.

“Llevar una vida reglada, con buen ritmo de sueño, realizar ejercicio físico frecuente y una dieta equilibrada ayuda a sufrir menos ataques de migraña”, explica Díaz Insa. “Sin embargo, no es recomendable prohibir a los pacientes largas listas de alimentos o bebidas que puedan generar una crisis de migraña.  Sólo en los casos en que los pacientes reconocen que un determinado alimento les produce migraña, éste deberá ser evitado. La salvedad puede ser el alcohol que, sobre todo si contiene burbujas (ácido carbónico) es reconocido por la mayoría de pacientes migrañosos como un gran desencadenante de crisis”.

Además, existe una amplia variedad de tratamientos verdaderamente útiles para cortar las crisis de migraña. El principal avance fue el desarrollo de los triptanes, ya que fueron los primeros fármacos realmente selectivos para su tratamiento sintomático, “aunque llevamos años sin la aparición de nuevas moléculas”, lamenta el doctor. Algo similar ocurre con los tratamientos preventivos: desde la comercialización de los últimos neuromoduladores investigados con este fin no ha habido avances, aunque sí ha habido novedades en el campo de la neuroestimulación y en el uso de otras técnicas intervencionistas, recuerda. En este sentido está previsto que, a finales de año, se generalice el uso de la toxina botulínica para el tratamiento de la migraña crónica.

Aunque, tradicionalmente, a la migraña no se le ha dado la importancia que realmente merece ya que, por lo general, no supone una amenaza para la vida de los pacientes, sí supone una importante pérdida en su calidad de vida. “Debemos huir de los tópicos que infravaloran los trastornos que sufren los pacientes con dolor de cabeza. No es nada agradable sentir el dolor, la sensación pulsatil en el cerebro, la gran molestia ante sonidos o estímulos luminosos mínimos o una sensación nauseosa insoportable. La migraña es mucho más que un simple dolor de cabeza, es una enfermedad con gran repercusión social y laboral y que puede presentar complicaciones en su evolución y manejo realmente serias”, comenta Díaz Insa.

Desde el punto de vista de las repercusiones sociolaborales, la migraña conlleva la pérdida de entre 8 a 16 días de trabajo al año de media por paciente, lo que supone un coste anual de casi 2.000 millones de euros -si se estiman tanto los costes directos como los indirectos derivados del absentismo y de la baja productividad en el ámbito laboral- y un coste estimado por paciente activo de 730 euros/año.

Fuente: http://www.elconfidencial.com



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